JOSE RAMÍREZ, corresponsal de ANNCOL en México
A vista de la comunidad internacional pareciera que VICENTE FOX llega electo Presidente de México bajo una importante cuota democrática, lo que aparentemente es acompañado de una nueva etapa política en el país vecino del poderoso imperialismo norteamericano; a esta fase en el México “postpriista” se le ha llamado de transición o de alternancia. Resulta que ni hay transición ni hay alternancia.
VICENTE FOX, hijo de madre española y padre irlandés, no es más que la inmejorable opción que el imperialismo estadounidense necesitaba en México para poder completar una de las etapas del añejo pero pendiente proyecto por controlar totalmente todos los aspectos de la vida política, económica, social y hasta cultural de América Latina y el Caribe, su traspatio natural.
Al señor del “hoy” el imperio le tiene asignado el papel no de ser el abanderado de la alternancia en México, sino el de fungir como articulador de los gobiernos latinoamericanos y caribeños, el de convertirlo en el “líder regional” para lograr el histórico sueño americano: Tragarse la región mediante el Area de Libre Comercio para las Américas (ALCA) y otros mecanismos de dudosa integración como el Plan Puebla Panamá (PPP).
En esta pretensión, los estrategas imperialistas de Estados Unidos de América identifican poderosamente la percepción histórica de los demás pueblos de América Latina de ver en México al hermano mayor, actualmente un tanto distanciado como resultado del Tratado Trilateral de Libre Comercio de América del Norte (TTLCAN); de ahí que las primeras indicaciones para FOX hayan sido el lanzar propuestas concretas de cooperación e integración a Jefes de Gobierno de la Región.
El imperio pretende con FOX constituir alternativas opuestas a esfuerzos de integración regional que escapan a su control, como el MERCOSUR, básicamente porque Estados Unidos, a partir de sus necesidades de recursos naturales estratégicos a futuro para fabricar nuevos materiales, precisa de garantizarse el acceso y control de tales recursos en el corto plazo, a fin de mantener la supremacía mundial como potencia altamente desarrollada, principalmente en los campos de la tecnología aerospacial, biótica e inteligencia artificial.
Y vaya que tales recursos los hay en enormes reservas y cantidades en países de América Latina y el Caribe, como en los de la Amazonia y México, particularmente en zonas que presentan conflictos sociales como consecuencia de la marginación, la explotación y la opresión, un ejemplo es la Selva Lacandona (Chiapas) y las regiones del Estado de Oaxaca, donde operan ejércitos guerrilleros.
Una de las concreciones de esas alternativas, abanderadas por FOX, es el acuerdo en materia de narcotráfico que el gobierno mexicano neopanista suscribiera con su homólogo colombiano, que busca intercambiar información de inteligencia y experiencias exitosas en el combate al tráfico ilegal de estupefacientes. ¿Que podrían intercambiar?.
Por supuesto que no, la verdadera lucha en este problema social, político y económico. Más bien apunta a ir creando los mecanismos de colaboración que apuntalen las pretensiones norteamericanas, lo que se puede afirmar a partir de observar las etapas de ejecución del Plan Colombia, que podrían utilizarse como modelo para el PPP, donde los gobiernos locales pasarían a ser meros administradores del imperio y asignando a los ejércitos nativos el papel de meros policías de los territorios bastos en recursos naturales.
Para ilustrar lo anterior baste citar dos casos. Oaxaca ha sido saqueada de cientos de miles de toneladas de barro negro, ya que estudios norteamericanos revelaron en él contenidos significativos de uranio. El gobierno federal y local otorgaron permiso a Estados Unidos para extraer material calizo de Campeche, cuya propiedad de filtración es superior a cualquier otro medio conocido. La sustracción se ha efectuado desde hace años en cantidades que rebasan por mucho lo convenido, pero así son complacientes los gobernantes.
Esa complacencia hacia Washington se debe a que quienes han sido meros depositarios del poder, al ser educados en Universidades capitalistas occidentales, no hacen más que aplicar lo aprendido en esos centros educativos, identificándose más con modelos de supuesto desarrollo ajenos que con las aspiraciones de los pueblos a que originariamente pertenecen.
Siendo Fox el ungido del imperialismo, particularmente el norteamericano, al pueblo mexicano le esperan los peores momentos en su presente y futuro como nación, ya que para los vecinos del Norte la regla es “los pueblos son sacrificables” y lo único que tienen los gringos son intereses, no amigos ni vecinos; para quien lo dude consulte la historia de Nicaragua, Guatemala, El Salvador, Argentina, Granada, Puerto Rico, Cuba, entre otros.
Lo grave no es que el imperialismo sea así de ladrón y embaucador, sino que padezcamos gobernantes que se sometan a tales actos que socavan la soberanía nacional y restringen el inalienable derecho de los pueblos a su libre determinación, impidiendo por todo medio la legítima y justa defensa de la integridad nacional, incluida la vía armada.
Para confrontar esta nueva administración, nueva sólo por su procedencia político partidaria empresarial, el pueblo mexicano tendrá que ejercer su capacidad fundamental plasmada en el Artículo 39 Constitucional, que se refiere a que en todo tiempo el pueblo puede darse el gobierno que le convenga, pero este ejercicio no es tan simple como su enunciado pues requiere que los mexicanos cuenten con los mecanismos que se lo permitan.
Sólo que la Carta Magna de México ha sido desvirtuada a tal grado que en muy poco conserva su esencia de origen, lo que ha resultado en que la forma actual de “ejercer su soberanía” se da a través de procesos electorales tramposos y siendo el único momento en que su decisión cuenta; no es la democracia formal como los mexicanos deban ejercer sus libertades, no es delegando decisiones en unos cuantos como la problemática podrá resolverse, no es depositando el poder en los educados al modo de vida yanqui como México se insertará con su propia historia y presente en el plano internacional.
El rescate de la soberanía que garantice la independencia requiere de saber el tipo de Estado que los mexicanos quieren, es decir, dar a la utopía la consistencia del futuro claramente definido por un pueblo que tiene memoria histórica, que en el presente decida y actúe para construir la patria a la que aspira y que es muy diferente a la que los neoliberales de la burocracia empresarial tratan de consolidar en la etapa foxista neopanista.
Una primera decisión es la unidad forjada a partir de aspiraciones
basadas en la nación libre, soberana e independiente que aún
no es México, lo que necesariamente pasa por una conciencia de clase
e identificar plenamente quién es el enemigo y su delfín.